Caballeros del Temple
   

El ajuar del caballero

    Todo hermano debe esforzarse en vivir honestamente y en dar buen ejemplo a los seglares y a otros conventos, en todas las cosas, de tal forma que quienes le vean no puedan observar nada malo en su comportamiento, ni en su forma de cabalgar, caminar, beber, comer o mirar ni en cualquiera de sus actos ni en ninguna de sus obras."

    Basándose en esta Regla del Temple, los Caballeros Templarios sabían ya a que atenerse. Los testimonios que establecen que el aspecto de los templarios era impecable tanto en la paz como en la guerra son numerosos y coincidentes. No se toleraba en absoluto que llevasen vestidos con remiendos o polvorientos, a pesar de su desdén por las cosas mundanas. En esta perspectiva de rigor, correspondía al hermano pañero evitar que los envidiosos y los maledicientes pudieran censurar algo a las ropas del convento. Le correspondía vigilar de manera escrupulosa las medidas de la ropa que llevaran los caballeros y que la ropa no fuera demasiado larga ni demasiado corta, ni demasiado apretada ni demasiado ancha, ya que la Regla Templaria se tomaba la molestia de recordarlo. Para ganar el perdón (la recompensa de Dios) Así que el Caballero Templario recibía dos equipos completos, uno para la paz y otro para la guerra. La dote generalmente se componía de dos camisas, dos pares de calzas de burel, dos bragas o calzones, un sayon, una pelliza, una capa, dos mantos (uno de ellos de invierno, forrado de oveja o de carnero) y otro de verano, una túnica y un ancho cinturón de cuero. También un bonete de algodón y otro de fieltro. También 2 paños, una servilleta para la mesa y otro en forma de toalla para su aseo personal.

    El ajuar militar consistía en una loriga (cota de malla), un par de calzas de hierro, un casco de hierro, un yelmo, una espada de doble filo con punta redondeada, una lanza de madera de fresno y punta de hierro cónica, un escudo. El nuevo caballero también recibía tres cuchillos: uno de armas o puñal, un cuchillo para cortar el pan y la carne y una navaja de hoja recta. Todo esto al caballero no se le daba, sino que se le prestaba, y el era responsable de todo ello ante la casa. Hay que añadir que tenia que velar continuamente por su perfecta conservación. No podía modificarlo en nada y debía ser muy escrupuloso con todo lo que hacia con el material.

    "Que el procurador de los paños o vestimentas, reparta igualmente los viejos entre los armigeros y sirvientes y a veces entre los pobres con fidelidad"

    "Si algún hermano quisiere o ya por mérito o por soberbia el mejor vestido, sin duda merecerá el peor."